Hay en el mundo lugares entretenidos, peculiares, interesantes, sugerentes,... y, en una categoría aparte, se encuentra Le Mélomane.
Lamentablemente no voy a tener una foto para ilustrar estas líneas, en parte porque carezco del arrojo suficiente para empuñar la cámara cuando tengo la leve sospecha de que puede incomodar a quien me rodea, y en parte porque dudo poseer la habilidad suficiente como para poder captar todo lo que allí se respira.
En realidad nunca creí que llegaría a conocerlo. Dada la definición que me habían proporcionado, se me antojaba poco adecuado para una señorita de mi condición: 10% casa de comidas, 20% piano-bar, 70% casa de putas. Sin embargo, puede que ni sea tan señorita ni exista tal condición, de modo que cuando me ofrecieron visitarlo no lo dudé ni por un segundo.
En un recibimiento inmejorable, el gorila de la puerta me presentó sus respetos, pues ser hija de Monsieur Antonio en esas latitudes tiene ciertas ventajas, y las camareras me besaron y abrazaron como si fuese una hermana a la que no ven desde hace años. En cierto modo fue inevitable sentir algo así, al darme cuenta de que tenía que compartir a mi padre con ellas sin posibilidad de elección, y he de admitir que semejante derroche de instinto protector ha llegado a conmoverme con el tiempo.
Ecos de
chanson en la música en directo mezclados entre música local y clásicos del soul con una más que dudosa calidad de sonido acentúan el sabor retro del ambiente, entre carcajadas de hombres borrachos que cortejan a seductoras jovencitas a la caza y captura de un cliente. Todos visten a la europea, beben a la europea, pero mueven las caderas como sólo allí saben hacer.
Con un gintonic en la mano observaba cómo un hombre de tez oscura increíblemente atractivo, vestido de traje y corbata, se disputaba el micrófono con el dueño del local y con otro individuo de cierta edad que se mostraba visiblemente contrariado cuando tenía que volver a sentarse frente a su vaso de zumo. Más tarde pude averiguar que el hombre atractivo era inspector de Hacienda, pero a mí me interesaba mucho más el otro, el viejo de la voz rota y afán de protagonismo musical. Y entonces ocurría, una noche más, lo que estaba esperando con cierta impaciencia.......