Sería totalmente absurdo justificar la larga ausencia por falta de tiempo, abducción por las redes sociales o cualquier otro tipo de excusa. Simplemente, no me ha apetecido hasta ahora.
De acuerdo en que el título puede no resultar un alarde de imaginación, pero tras unas cuantas vueltas, he de admitir que no demasiadas, parece que encaja razonablemente bien con las (escasas) pretensiones de la historia. Siempre me han caído simpáticas estas verduritas por menudas y saltarinas, pero sin embargo contundentes. Además, suelen ser un plato invernal.
Así pues, serviremos desde Bruselas historias intrascendentes, rincones con encanto, largos paseos y otros descubrimientos, mientras practicamos nuestro escaso francés. Mientras tanto, quien quiera acompañarnos en los preparativos será bien recibido.